miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL MUSICO

Lo cruce varias veces en el hall de entrada del edificio, serio, varonil, esbozaba una tenue sonrisa como saludo.
A veces coincidíamos con subir al ascensor, me cedía el paso con un gesto galante Le agradecía con una sonrisa y eso era todo.
¿Era todo?
Vivía en el tercer piso y yo en el segundo.
Durante la semana se ejercitaba y los sábados era un verdadero concierto. Desde muy temprano el saxofón sonaba al menos para mis oídos con una carga sensual irresistible.
Entonces todo se transformaba
Mi cama se convertía en un campo de batalla, los acordes
estrujaban mi cuerpo en actitud profana, y al horadar mi gruta, las tripas se enlazaban sin recato
Los órganos salían despedidos como títeres, que al ritmo de su melodía, bailoteaban grotescos a mi alrededor.
Música embrujada que aceleraba el latir de mi corazón y me trasladaba a un mundo perfecto.
Todo acontecía en segundos interminables de placer infinito.
Después, el letargo, el ruido de su paso firme al subir la escalera y el golpe de la puerta al cerrarse detrás de el .
Y otra vez el silencio que me expulsaba a la rutinaria soledad.

Silvia N. Fabiani

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sylvie

Qyusiera ser el musico de tu texto